Frente al Fenómeno El Niño, la protección del patrimonio arqueológico depende en buena medida de lo que se haga antes de las lluvias. En varias regiones del país conocemos los efectos que pueden producir las escorrentías, la saturación del terreno, la erosión o el colapso de estructuras sobre sitios arqueológicos que ya presentan condiciones de vulnerabilidad. Muchos de estos daños comprometen evidencias que no pueden recuperarse y cuya conservación requiere intervenciones oportunas. Por eso, cuando se anuncian medidas de prevención, interesa conocer qué sitios se encuentran en riesgo, cuáles requieren atención prioritaria y qué recursos se han previsto para protegerlos, especialmente cuando existen antecedentes de afectaciones que permiten reconocer las zonas más expuestas.
Mediante Resolución Ministerial N.° 000298-2026-MC, el Ministerio de Cultura conformó en agosto de 2026 la Comisión de Gestión del Riesgo del Fenómeno El Niño en el Sector Cultura. Poco más de un mes después, el 22 de setiembre, solicitamos información para conocer qué había hecho desde su conformación y, sobre todo, qué se venía preparando para proteger el patrimonio arqueológico. El pedido comprendía las coordinaciones realizadas con las Direcciones Desconcentradas de Cultura y unidades ejecutoras, los sitios identificados en situación de riesgo, las prioridades establecidas, las intervenciones previstas y los recursos considerados para ejecutarlas. No estábamos solicitando un nuevo diagnóstico ni evaluaciones elaboradas exclusivamente para responder. La solicitud se limitó a los documentos existentes y, respecto de aquello que todavía no se hubiera trabajado o documentado, pedimos que simplemente se indicara esa circunstancia.
La respuesta del Ministerio permitió acreditar la instalación de la Comisión mediante el acta correspondiente. Sobre el resto de la información solicitada, señaló que no había identificado documentación preexistente en los términos y con el nivel de desagregación requerido, aunque dejó abierta la posibilidad de que existiera información relacionada en documentos o registros dispersos dentro de la propia entidad. El pedido comprendía precisamente esa documentación: comunicaciones con las DDC y unidades ejecutoras, informes, fichas, matrices, registros de sitios vulnerables, documentos de priorización, programación y presupuesto, cualquiera fuera la dependencia que los hubiera generado. No se pidió que esa información estuviera previamente ordenada ni reunida en un solo documento. Y si al momento de atender la solicitud esos documentos no habían sido producidos, esa respuesta también habría permitido conocer cuánto se había avanzado desde la conformación de la Comisión.






El seguimiento del Expediente N.° 0000145281-2026, correspondiente a nuestra solicitud, puede consultarse en el Sistema de Seguimiento de Trámites del Ministerio de Cultura. Allí se registran 185 movimientos administrativos, entre derivaciones y otras actuaciones, con participación de numerosas Direcciones Desconcentradas de Cultura, la Dirección General de Patrimonio Arqueológico Inmueble, la Oficina General de Administración y otras dependencias del sector. El registro permite conocer el recorrido del pedido, aunque no el contenido de las respuestas emitidas por cada oficina. Incluso aparecen movimientos hasta el 7 de octubre, cuando la comunicación dirigida a ARES figura el día 6, lo que demuestra que el expediente continuó registrando actividad interna después de la comunicación al solicitante.
Entre los documentos conocidos durante la revisión aparece el Informe N.° 000013-2026-DDC AYA-MAP/MC, emitido el 29 de setiembre por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ayacucho, en respuesta a un proveído del día anterior que hacía referencia expresa a nuestra solicitud. El informe contiene información organizada sobre acciones preventivas frente al Fenómeno El Niño, preparada por esa dependencia durante la tramitación del requerimiento. Su fecha antecede a la respuesta ministerial del 6 de octubre, aunque desconocemos cuándo fue remitido a la instancia encargada de reunir la información y si llegó a ser considerado antes de comunicar el resultado al solicitante. El documento permite comprobar, al menos en el caso de Ayacucho, que existía una respuesta específica vinculada con lo solicitado, cuya elaboración se produjo después de presentado nuestro pedido.
Pese a las numerosas derivaciones registradas y a la existencia de documentación elaborada por al menos una Dirección Desconcentrada de Cultura, la respuesta que recibimos se limitó al acta de instalación. No se proporcionó una relación de sitios arqueológicos evaluados frente al FEN, una priorización de aquellos que requieren atención, las medidas previstas para cada caso ni la programación y los recursos destinados a intervenirlos. El Ministerio tampoco descartó la existencia de esa información, pues admitió que podía encontrarse dispersa entre distintos documentos o registros. El procedimiento terminó sin permitirnos conocer qué documentación habían remitido las dependencias consultadas y qué había sido considerado para formular la respuesta oficial.
El 7 de octubre, apenas un día después de recibir esa respuesta, el ministro de Cultura, Alberto Beingolea, informó durante su presentación ante una comisión del Congreso que el sector había identificado y priorizado más de 500 centros culturales considerados vulnerables frente al Fenómeno El Niño. También señaló que el Gobierno había proporcionado algo más de siete millones de soles adicionales al presupuesto y que el Ministerio había incorporado aproximadamente dos millones y medio de sus propios recursos, alcanzando una disponibilidad superior a los S/ 9,5 millones para la protección del patrimonio cultural. Durante su exposición mencionó trabajos preventivos en distintas regiones del norte y destacó la labor de una comisión especial encabezada por el general Pereyra, a la que atribuyó avances en la atención de los riesgos identificados.
La exposición ministerial resulta particularmente importante porque se refiere a asuntos comprendidos en nuestra solicitud de acceso a la información pública. El ministro sostuvo que los bienes ya estaban identificados y priorizados, que se habían destinado recursos específicos y que existían trabajos realizados en distintas regiones. Sin embargo, la respuesta proporcionada por el Ministerio no incluyó la relación de esos bienes, los criterios utilizados para seleccionarlos ni los documentos presupuestales que permitan conocer la distribución de los recursos anunciados. Tampoco sabemos cuántos de los más de 500 bienes corresponden al patrimonio arqueológico, considerando que la cifra presentada comprende bienes culturales de distinta naturaleza y que el presupuesto señalado corresponde al sector Cultura en su conjunto.
Los más de S/ 9,5 millones mencionados ante el Congreso requieren, además, distinguir entre recursos disponibles, compromisos presupuestales y gasto efectivamente ejecutado. La declaración ministerial no permite conocer cuánto corresponde a cada Dirección Desconcentrada de Cultura o unidad ejecutora, qué actividades fueron financiadas ni cuáles son los sitios arqueológicos comprendidos en esa programación. Se trata de información administrativa y presupuestal que debería permitir identificar el destino de los recursos anunciados, sin necesidad de elaborar un nuevo diagnóstico sobre el patrimonio cultural.
Nuestra solicitud fue presentada el 22 de setiembre y, una semana después, la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ayacucho elaboró un informe para atenderla. El 6 de octubre recibimos la respuesta ministerial y al día siguiente el ministro expuso ante el Congreso cifras sobre bienes priorizados, financiamiento y acciones preventivas. Hasta ahora desconocemos cuándo se elaboró la relación de más de 500 bienes culturales mencionada durante su exposición y qué documentos sustentan la distribución de los recursos anunciados. La información de Ayacucho evidencia que, después de nuestra solicitud, al menos una dependencia comenzó a organizar documentación para responderla, mientras sigue sin conocerse si la priorización nacional ya estaba definida o si fue elaborada durante esas mismas semanas.

La diferencia entre lo informado al Congreso y lo proporcionado mediante el procedimiento de acceso a la información pública merece una explicación documental. No se trata de desconocer las actuaciones anunciadas por el ministro ni de asumir que las cifras expuestas carecen de sustento, sino de establecer dónde se encuentra la información que permitió identificar y priorizar más de 500 bienes culturales, distribuir recursos para su protección y comunicar avances en las intervenciones. El caso de Ayacucho confirma que al menos una dependencia elaboró una respuesta específica durante la tramitación, mientras que el seguimiento administrativo muestra la participación de numerosas oficinas sin que podamos conocer el contenido de sus comunicaciones.
A la fecha, el ministro ha anunciado ante el Congreso más de 500 bienes culturales identificados y priorizados, así como recursos superiores a S/ 9,5 millones para enfrentar el Fenómeno El Niño. Sin embargo, la respuesta a nuestra solicitud se limitó al acta de instalación de la Comisión, pese a los 185 movimientos administrativos registrados y a la existencia de documentación elaborada por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ayacucho durante la tramitación del pedido. La secuencia de fechas resulta particularmente llamativa: presentamos nuestra solicitud el 22 de setiembre, Ayacucho elaboró su informe el 29, recibimos la respuesta ministerial el 6 de octubre y al día siguiente el ministro expuso ante el Congreso cifras sobre priorización, financiamiento y prevención. No podemos establecer que nuestra solicitud haya provocado estas actuaciones, pero la documentación conocida muestra que parte de la información se estaba organizando después de nuestro requerimiento. Queda por conocer si la priorización y la programación anunciadas ya existían o si comenzaron a tomar forma durante esas semanas, precisamente cuando solicitamos conocer qué se había avanzado en la protección del patrimonio arqueológico.













